jueves, 23 de agosto de 2012

Sí, lo reconozco: quería escribir un libro. Como que todos en algún momento quisieron escribir un libro, hacer algo importante y trascendente, para que en 30 años más la gente aún hablara de ti y te recordara.
Intenté escribir,pero nunca lograba hilvanar una sola trama; siempre se entrecruzaban miles de historias que no me dejaban darle forma. Algo así como tener muchos hilos enredados y no poder usarlos en un orden para poder crear un chaleco.

Un escritor es un dios capaz de crear un universo nuevo a partir de un par de hojas y un lápiz...
...Y yo no logro darle sentido a un grupo de ideas, a menos que sea para quejarme (y eso si tengo suerte).

Sí, si hacemos una analogía entre los escritores y lo divino, yo no logro acercarme ni siquiera al palco de los demonios más bajos y simples.
Así, les puedo decir a todos que lo que están leyendo, creo sinceramente, no entra ni entrará en la literatura jamás, aunque me pegue un tiro y mi vida sea digna de canciones e historias. Lo que he escrito jamás será recomendado para nutrir el alma lectora de ningún joven torturado por su edad.

O quizás, si el disparo suena bien fuerte, a lo mejor el día de mañana intenten vender todo lo que he escrito en un empaste lindo, con diseños como llamas y con un título redondo y sonoro, que llame la atención...
(No, hueón, no te daré el título, esfuérzate un poco y crea uno tu mismo).