Hoy, directo al grano: Tengo pena.
Sip, tengo pena y no sé por qué. Hace tiempo que no me pasaba, hace tiempo que no sentía estar dentro de un pozo enorme y oscuro, del que no tengo como salir.
Hace tiempo que no sentía como se aprieta el pecho sin ninguna razón; las lágrimas no saltaban por nada de mis ojos hace mucho mucho tiempo.
Nunca pretendí que este blog fuera recipiente de odiosidades y tristezas, en cambio quería usarlo como herramienta para despotricar y vaciar mi alma del asco que sentía a veces. Sin embargo,me doy cuenta de que es mudo confidente de lo que me pasa, me presta el hombro para llorar como un niño, escondido de las miradas de los demás que seguramente se burlarán de mí.
No quiero nada, no quiero salir a trabajar, no quiero cambiar el mundo, no quiero mostrarle a la gente mi música, no quiero ser hombre perfecto, no quiero ser un mal pololo, no quiero perder a las personas que me importan...
Siento que me quedo solo, que muchas personas a las que quiero me olvidaron y me dejaron atrás mientras ellos avanzaban sin vacilar. Yo me quedé atrás, porque avanzo mas lento o porque no pude seguirlos, pero inocentemente esperaba que no me olvidaran, que miraran hacia atrás y dijeran: ahí viene este loco, quiero abrazarlo y decirle que me importa.
Pero estoy acá, escondido bajo las sábanas llorando con odio, con pena y rabia, como un pendejo inmaduro.
Y solo, olvidado o dejado de lado; con miedo de la gente, angustiado y con ganas de no estar, de no ser, de jamás ser; nunca más estar y nunca más ser, nunca más.
Loco y solo.
miércoles, 18 de julio de 2012
miércoles, 11 de julio de 2012
Cobarde
La cama revuelta. Tus tetas suben y bajan al ritmo de una respiración inocente, como la conciencia de un animal que no distingue el mal del bien. Las flores sobre tu teta izquierda me llaman para que haga una corona con sus pétalos y hojas.
Enciendo un cigarro y te dejo dormir, mientras el humo (como tantas veces) inunda la pieza y me esconde de miradas divinas que disfrutan observarme después de culiar. Dios es obsceno y voyeurista .
Te volteas sobre mi colchón. Miro tu espalda y la acaricio. Me gusta tu espalda. Las cenizas del cigarro se caen sobre la cama, pero no importa. Me levanto, camino hacia el baño y echo a correr el agua de la ducha. Me revitaliza el frío mordiendo mi piel.
Te escucho levantarte. Yo sigo en lo mío.
- ¿Te preparo un café?- me preguntas.
-No,- te respondo- vístete y vete, la plata te la dejé en el bolsillo de tu mini.
Te oigo murmurar, escucho como te vistes y cierras la puerta con odio tras de ti.
Salgo de la ducha y enciendo otro cigarro. El barbón mirón del cielo me sigue con la vista hacia la cocina. Los cuchillos siguen en donde los dejé. Recuerdo ahora las marcas en tus piernas.¿Fueron hojas de afeitar? Puede ser. Me pongo el pantalón y una camiseta y salgo a la calle. Abro el auto, lo enciendo, enfilo a la carretera. Cien, ciento diez. Bajo las ventanas y enciendo la radio. Ciento treinta. Pagué todas mis deudas, por lo menos te pague a ti por los años de placer y cariño que me diste. Si, también te dejé propina por los malos ratos que compartimos. Ciento cincuenta, si no me muero, quedo paralítico... Ciento veinte otra vez, no seré una papilla informe sobre el pavimento, prefiero pudrirme por dentro y dejarle al cáncer el camino libre.
Enciendo otro cigarro. No me sigas mirando,cabrón celestial.
Enciendo un cigarro y te dejo dormir, mientras el humo (como tantas veces) inunda la pieza y me esconde de miradas divinas que disfrutan observarme después de culiar. Dios es obsceno y voyeurista .
Te volteas sobre mi colchón. Miro tu espalda y la acaricio. Me gusta tu espalda. Las cenizas del cigarro se caen sobre la cama, pero no importa. Me levanto, camino hacia el baño y echo a correr el agua de la ducha. Me revitaliza el frío mordiendo mi piel.
Te escucho levantarte. Yo sigo en lo mío.
- ¿Te preparo un café?- me preguntas.
-No,- te respondo- vístete y vete, la plata te la dejé en el bolsillo de tu mini.
Te oigo murmurar, escucho como te vistes y cierras la puerta con odio tras de ti.
Salgo de la ducha y enciendo otro cigarro. El barbón mirón del cielo me sigue con la vista hacia la cocina. Los cuchillos siguen en donde los dejé. Recuerdo ahora las marcas en tus piernas.¿Fueron hojas de afeitar? Puede ser. Me pongo el pantalón y una camiseta y salgo a la calle. Abro el auto, lo enciendo, enfilo a la carretera. Cien, ciento diez. Bajo las ventanas y enciendo la radio. Ciento treinta. Pagué todas mis deudas, por lo menos te pague a ti por los años de placer y cariño que me diste. Si, también te dejé propina por los malos ratos que compartimos. Ciento cincuenta, si no me muero, quedo paralítico... Ciento veinte otra vez, no seré una papilla informe sobre el pavimento, prefiero pudrirme por dentro y dejarle al cáncer el camino libre.
Enciendo otro cigarro. No me sigas mirando,cabrón celestial.
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