miércoles, 29 de octubre de 2014

Reconsidera las alternativas, reconstruye lo que se hundió y se resquebrajó. Las maderas del tiempo se añejan como el vino, pero no se beben porque son amargas en boca. Si te tragas una astilla, el seguro no cubre asfixia, por lo que es más fácil hacerlo pasar por envenenamiento. 
Mientras ocurren las magias burocráticas en el salón del té de aquellos a quienes desprecio, en la vereda caminan las hormigas, ocupadas en su quehacer. No escucho sus pisadas; oigo su andar, pero no sus pisadas. Caminan, pero no avanzan. Comen, pero para otros. Si respiran, no lo sé. Pero no es de las hormigas de quien quiero hablar: quiero hablar de ti, que me hormigueas las espalda cuando te veo. ¿Cómo te entregaré el mundo? Cuando no te oigo caminar, pienso en como debo reconstruir el tiempo, para que tengas lo mejor que hemos hecho. Tengo un camino inmenso por delante, debo crear un árbol nuevo para que te dé sombra cuando haga calor. Pero ahora no, estoy cansado y quiero dormir.
Buenas noches, nos vemos pronto.

martes, 4 de marzo de 2014

Toda la vida falleció. Falleció cuando fallaron las luces en la calle, cuando las palomas volaron, cuando los autos se pararon en seco.
Fallece cada día cuando recogemos las hojas secas de cada deseo de cumpleaños que no se cumplieron, o cuando vemos caer los pañuelos sucios de nuestras buenas intenciones perdidas en el viento Raco.
Las cabezas de cada vida se deshacen en palabras, disculpas y sermones; ante cada maldad, se cortan las pestañas de cada vida.
Las casas se derrumban entre suspiros de placer y complicidad, mientras que los perros en las calles destrozan los huesos de aquellas vidas que se pierden entre luces y sonidos enormes.
Mientras todo esto pasa, yo veo a las plantas crecer en cada arruga de mi cara, esperando que nazcan flores de colores vivos que espanten a las sombras.

miércoles, 30 de octubre de 2013

De repente uno piensa mucho, y en realidad debería pararse, tomar sus cosas y salir corriendo no más; onda, para que la gente quede mirando con cara de asombro y marcando ocupado. O sea, si uno ve a un hueón salir corriendo de pronto, lo más probable es que pienses que está loco o que se robó algo. Yo me robé los pensamientos, pero son tantos que ya no puedo salir corriendo.

martes, 16 de abril de 2013

Serán ustedes, seré yo... La cabeza se me va y tengo ganas de fumar (otra vez).
Me asomo por la ventana (ayayay) y veo noche negra, cerrada como concha de monja, y me devuelvo a la cama para cubrirme del frío.
La mañana se anuncia fría; el invierno no piensa en los que no tienen casa, simplemente llega y congela sin remordimientos. Pero yo tengo un buen chaleco, así que salgo a fumar y a soltar a la perra para que corra, de nuevo libre. Y mientras camino y fumo, la calle pasa bajo mis pies, y las nubes caminan sobre mi cabeza, mientras el humo calienta mi cuerpo con su malsano contenido, pero me alivia por un rato.
A lo mejor un pito, o tal vez un vinito para calentar la cuneta mientras llegan a buscarme para ir al funeral del otoño, que se nos murió de viejo y mañoso y porfiado, porque cuando le dijimos que se abrigara se sacó todas las hojas y las tiró al suelo. Ahí se agarró la neumonía, pero no fue eso lo que se lo llevó, si no que la edad. Ya estaba senil y agotado, era cuestión de tiempo.
Por ahí veo a los escolares, caminando con esas mochilas más grandes que sus espaldas, de vuelta a la casa a comer sopaipillas recién hechas, de esas con harto zapallo de ese que nace de las semillas que se siembran en la tierra; de esa en donde viven los bichos y donde vive la vida y la promesa de un nuevo verano que vendrá a calentar a las pálidas y pacatas flores nacidas en la primavera veleidosa y cartucha que se viene a dar una vuelta por este Santiago. Un Santiago lleno de cartuchos y señoritas bien, a los que les hace falta un buen revolcón en una cama húmeda de amor para darse cuenta de que no hay que caminar con los pies, si no que con las patas de las sillas en donde nos sentamos juntos una vez: yo sobre la silla, tu sobre mis piernas. Y te movías como sin querer, pero yo sabía que querías que yo quisiera sentirte quererme. Y en ese juego bailábamos entre contoneos sensuales y caricias de mentira, de esas que se dan como que no quiere la cosa, pero se dan con su qué; ese no se qué, qué se yo, serás tú o yo seré...
Porque si serás, seremos juntos, porque no me gusta quedarme al margen.
Y al margen del bullicio que armamos cuando nos amamos de mentira sobre la silla, está el ruido de Santiago. Nuestro telón de fondo, por el que caminamos tratando de no oír, porque recordamos cuando oímos que la civilización le ganó a la naturaleza, y por eso el viejo otoño tenía razón cuando desvariaba y le gritaba a los niños que no le molieran las hojas, porque ese sería el colchón de nuestra cópula futura, manchada por el ruido de la silla. Pero que más da, tenemos grandes audífonos para escondernos de la realidad y pensar que tenemos un buen soundtrack para seguir caminando hasta pillar a la perra que puede cruzar la calle y chocar a un auto...Quizás cuántos heridos podría dejar, si es tan dura de mollera.

domingo, 24 de febrero de 2013

¿Y si un día llego y te enseño a dormir debajo de mí?

miércoles, 31 de octubre de 2012

De pronto dejamos de amarnos tal y como éramos y empezamos a intentar controlarnos el uno al otro. De pronto quisimos manejar el tiempo del otro, saber dónde estaba y qué hacía, y le quitamos la emoción a la vida, convertimos de a poco la adrenalina en monotonía, desplumamos las alas de los pájaros que volaban alrededor nuestro.
De pronto la música se opacó, y las calles que nos caminaban se cansaron de avanzar en armonía y empezaron a entrecruzarse. Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que nuestro camino estaba errado, y quisimos, tontamente, controlarlo.
No somos libres. Todos creen que sí, pero en realidad somos esclavos de la socialización. Somos esclavos de nuestros vecinos, de nuestras familias y de nuestros amigos. Si un día decidiéramos escapar y desaparecer, todos nos buscarían hasta encontrarnos, y nos regañarían por escondernos y preocuparlos.
Le quitamos el brillo al sol, nublamos las canciones y derramamos la adrenalina como si fuese orina... Nos convertimos en viejos que miran el día, sabiendo de antemano lo que pasará... Somos adivinos condenados a saber todo lo que nos sucederá...
Seremos asesinos de nuestra propia sombra.

viernes, 19 de octubre de 2012

Orden y desorden, cáos y organización, vida dual, síndrome de personalidad bipolar, Jano y onaJ, muerte y vida, fin y principio.

Anotación para mi alma: Recuerda respirar.

jueves, 23 de agosto de 2012

Sí, lo reconozco: quería escribir un libro. Como que todos en algún momento quisieron escribir un libro, hacer algo importante y trascendente, para que en 30 años más la gente aún hablara de ti y te recordara.
Intenté escribir,pero nunca lograba hilvanar una sola trama; siempre se entrecruzaban miles de historias que no me dejaban darle forma. Algo así como tener muchos hilos enredados y no poder usarlos en un orden para poder crear un chaleco.

Un escritor es un dios capaz de crear un universo nuevo a partir de un par de hojas y un lápiz...
...Y yo no logro darle sentido a un grupo de ideas, a menos que sea para quejarme (y eso si tengo suerte).

Sí, si hacemos una analogía entre los escritores y lo divino, yo no logro acercarme ni siquiera al palco de los demonios más bajos y simples.
Así, les puedo decir a todos que lo que están leyendo, creo sinceramente, no entra ni entrará en la literatura jamás, aunque me pegue un tiro y mi vida sea digna de canciones e historias. Lo que he escrito jamás será recomendado para nutrir el alma lectora de ningún joven torturado por su edad.

O quizás, si el disparo suena bien fuerte, a lo mejor el día de mañana intenten vender todo lo que he escrito en un empaste lindo, con diseños como llamas y con un título redondo y sonoro, que llame la atención...
(No, hueón, no te daré el título, esfuérzate un poco y crea uno tu mismo).

miércoles, 18 de julio de 2012

Hoy, directo al grano: Tengo pena.
Sip, tengo pena y no sé por qué. Hace tiempo que no me pasaba, hace tiempo que no sentía estar dentro de un pozo enorme y oscuro, del que no tengo como salir.
Hace tiempo que no sentía como se aprieta el pecho sin ninguna razón; las lágrimas no saltaban por nada de mis ojos hace mucho mucho tiempo.
Nunca pretendí que este blog fuera recipiente de odiosidades y tristezas, en cambio quería usarlo como herramienta para despotricar y vaciar mi alma del asco que sentía a veces. Sin embargo,me doy cuenta de que es mudo confidente de lo que me pasa, me presta el hombro para llorar como un niño, escondido de las miradas de los demás que seguramente se burlarán de mí.
No quiero nada, no quiero salir a trabajar, no quiero cambiar el mundo, no quiero mostrarle a la gente mi música, no quiero ser hombre perfecto, no quiero ser un mal pololo, no quiero perder a las personas que me importan...
Siento que me quedo solo, que muchas personas a las que quiero me olvidaron y me dejaron atrás mientras ellos avanzaban sin vacilar. Yo me quedé atrás, porque avanzo mas lento o porque no pude seguirlos, pero inocentemente esperaba que no me olvidaran, que miraran hacia atrás y dijeran: ahí viene este loco, quiero abrazarlo y decirle que me importa.
Pero estoy acá, escondido bajo las sábanas llorando con odio, con pena y rabia, como un pendejo inmaduro.
Y solo, olvidado o dejado de lado; con miedo de la gente, angustiado y con ganas de no estar, de no ser, de  jamás ser; nunca más estar y nunca más ser, nunca más.
Loco y solo.

miércoles, 11 de julio de 2012

Cobarde

La cama revuelta. Tus tetas suben y bajan al ritmo de una respiración inocente, como la conciencia de un animal que no distingue el mal del bien. Las flores sobre tu teta izquierda me llaman para que haga una corona con sus pétalos y hojas.
  Enciendo un cigarro y te dejo dormir, mientras el humo (como tantas veces)  inunda la pieza y me esconde de miradas divinas que disfrutan observarme después de culiar. Dios es obsceno y voyeurista .
  Te volteas sobre mi colchón. Miro tu espalda y la acaricio. Me gusta tu espalda. Las cenizas del cigarro se caen sobre la cama, pero no importa. Me levanto, camino hacia el baño y echo a correr el agua de la ducha. Me revitaliza el frío mordiendo mi piel.
  Te escucho levantarte. Yo sigo en lo mío.
- ¿Te preparo un café?- me preguntas.
-No,- te respondo- vístete y vete, la plata te la dejé en el bolsillo de tu mini.
  Te oigo murmurar, escucho como te vistes y cierras la puerta con odio tras de ti.
Salgo de la ducha y enciendo otro cigarro. El barbón mirón del cielo me sigue con la vista hacia la cocina. Los cuchillos siguen en donde los dejé. Recuerdo ahora las marcas en tus piernas.¿Fueron hojas de afeitar? Puede ser. Me pongo el pantalón y una camiseta y salgo a la calle. Abro el auto, lo enciendo, enfilo a la carretera. Cien, ciento diez. Bajo las ventanas y enciendo la radio. Ciento treinta. Pagué todas mis deudas, por lo menos te pague a ti por los años de placer y cariño que me diste. Si, también te dejé propina por los malos ratos que compartimos. Ciento cincuenta, si no me muero, quedo paralítico... Ciento veinte otra vez, no seré una papilla informe sobre el pavimento, prefiero pudrirme por dentro y dejarle al cáncer el camino libre.
  Enciendo otro cigarro. No me sigas mirando,cabrón celestial.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Ya es tarde para decir cualquier cosa que haya debido decir. Mañana me levantaré temprano de mi cama y saldré de ella caminando. Suena racional.
 De noche, silencio y quietud rota de vez en cuando por perros, gatos o algún hueón en auto. Amigos que hablan con el techo, otros que rompen la voz y algunos que buscan cambiar realidades. Yo estoy acostado, sin sueño y sin sueños, depositando amargura en papel imaginario con tinta invisible para ciegos.
 Las dos, tres, cuatro; da igual, no hay diferencia entre el minuto pasado y la hora que venga. Divagar, dejar que el lápiz camine libre mientras se come las horas eternas y las sombras pasan para dejar mas sombras ahí donde ellas estaban sentadas.
 Nada más, buenas noches, dulces sueños.

martes, 13 de marzo de 2012

- Te... ¿Te puedo decir algo?
-Claro
-No quiero que este cigarro se acabe...-
Humo que escapa por la ventana, luz temblorosa y sonidos de metralletas amenazan la noche- No sé si ... si haremos alguna diferencia estando aquí. Creo que simplemente pasarán sobre nosotros y moriremos... no quiero morir... no quiero que este sea mi último cigarro... me faltan muchas cosas por vi...vivir... No conozco el mar, ¿sabes? Cuando me enlisté, pensé que sería co...como un paseo y que conocería la costa... pero me asignaron acá...-
la casita, frágil y destartalada, se estremece desde los cimientos- A veces... por la noche recordaba a la gente que... que vi alguna vez en la calle... y des...deseaba estar con ellos nuevamente... saber que harían al didía siguiente... ¿Crees que sepan que los estamos defendiendo?
¿Crees que alguna vez escucharán de nosotros?
-No lo sé- respondió taciturno- , pero esta noche, los dos sabremos que fuimos valientes, pase lo que pase después...
Las ventanitas explotaron, las paredes crujieron y cayeron en desorden y el fuego rasgó la noche, mientras la temblorosa luz se disipaba y el sonido metálico y terrorífico de las metralletas zumbaba y convertía la penumbra en baño de sangre.
Mientras tanto, en el suelo, bajo una lluvia de astillas y vidrio molido, un cigarro se apagaba...

jueves, 8 de marzo de 2012

Nos presentamos con las manos vacías, y muchas veces esperamos llenarlas de algo antes de que nos venga a golpear la puerta la pelada que viene a buscarnos. Puede ser que queremos vivir pensando que todo es ilusión, que si cerramos los ojos la vida cambiará en un tris, sin que sea necesario actuar e intentar cambiar la realidad.
Quizás queremos que todo sea fácil, porque siempre es difícil vivir, sentir y amar; porque somos imbéciles y nos sabemos imperfectos y llenos de temor. Temor a la vida, temor a la espera, temor a lo desconocido...
A veces pienso que realmente merecemos lo que nos sucede, que en verdad estamos recogiendo el fruto de nuestros actos... pero después pienso que no, porque hay gente que merece males mayores y no los reciben jamás.
A lo mejor pueden saltar los fanáticos religiosos que lean este blog (cosa que dudo, ni siquiera creo que ya alguien visite este lugar), diciendo que tendrán su merecido en el juicio final, en el purgatorio y esas cosas con que nos asustaron cuando niños para que no nos robáramos las galletas y los pancitos del desayuno. Y yo les digo: ¿Han pensado en que quizás Dios quiere que encontremos justicia aquí en la tierra? A lo mejor ya se aburrió de estar pendiente de lo bueno o malo que hacemos nosotros, simples humanos condenados a abandonar lo que hemos construido y amado, y se fue a tomar una cerveza celestial con sus amigotes. Por lo menos yo lo haría.
Lo que trato de decir es que creo que estamos solos y debemos cuidarnos entre nosotros, como huérfanos que se abrazan para vencer el frío. Si no encuentras consuelo en algo divino o superior, búscalo entre tus hermanos, entre los animales, en la naturaleza, la música o la pintura, cualquier cosa que te sirva para desahogarte y no te dañe.
Aún estamos aquí, amarrados a la tierra.

jueves, 9 de febrero de 2012

El lobo, mirando por la ventana, vio a la ballena en la montaña.
Un año de trece meses que se perdía sobre el lomo brillante del cantante marino; el fuego que se apaga de a poco en el hogar de la chimenea y el humo que se aleja volando y violando pulmones que sangran fácil. El cielo abre sus fauces brillantes para tragarse a la ballena que se disponía a coronar la cima, y de pronto desaparece, tragada por el tiempo perdido. El lobo vuelve a su pipa y al diario matutino. La taza de café se enfría, el fuego se ha apagado. Se calza las botas para no mojarse las patas y baja a buscar madera. La madera se escapa mientras la gente se enfría, pero no quieren ser combustible del sacrificio que genera calor en el mundo. Son pocos los que quieren consumirse completamente para el bien de otros. Nadie los culpa, las estrellas fugaces duran un segundo, y al día siguiente nadie las recuerda. El sol se quema día a día, pero es el único que se entregó a su destino.
Yo no me quemo, dijo la rama de alerce; si te quieres calentar, abrígate y deja de matar a mis hermanos.
El lobo se abrigó, pero la rama de alerce de todas maneras ardió, porque su alegato no fue oído.
El café se enfrió, el diario perdió su atractivo, pero la ballena volvió a aparecer en la cresta de una nube, aun más arriba de la montaña. El lobo se arregló los anteojos, y decidió que ya era hora de salir a cazar: una cría tierna de conejo o de humano, lo primero que hallara. Cerró la reja, se calzó la chaqueta y partió en busca de comida fresca, sin dejar de mirar a la ballena, que ahora bailaba vals con una paloma marrón.

viernes, 13 de enero de 2012

Recibo críticas por desahogarme, críticas por guardarme los sentimientos, porque levanto la voz, porque me quedo callado, porque duermo mucho, porque duermo poco...
La única mierda que necesito es que me digas " no importa, va a solucionarse todo".
Yo lo digo, pero pocas veces lo escucho.