Toda la vida falleció. Falleció cuando fallaron las luces en la calle, cuando las palomas volaron, cuando los autos se pararon en seco.
Fallece cada día cuando recogemos las hojas secas de cada deseo de cumpleaños que no se cumplieron, o cuando vemos caer los pañuelos sucios de nuestras buenas intenciones perdidas en el viento Raco.
Las cabezas de cada vida se deshacen en palabras, disculpas y sermones; ante cada maldad, se cortan las pestañas de cada vida.
Las casas se derrumban entre suspiros de placer y complicidad, mientras que los perros en las calles destrozan los huesos de aquellas vidas que se pierden entre luces y sonidos enormes.
Mientras todo esto pasa, yo veo a las plantas crecer en cada arruga de mi cara, esperando que nazcan flores de colores vivos que espanten a las sombras.
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