De repente uno piensa mucho, y en realidad debería pararse, tomar sus cosas y salir corriendo no más; onda, para que la gente quede mirando con cara de asombro y marcando ocupado. O sea, si uno ve a un hueón salir corriendo de pronto, lo más probable es que pienses que está loco o que se robó algo. Yo me robé los pensamientos, pero son tantos que ya no puedo salir corriendo.