El Caminante se detuvo a pensar: "¿Qué puedo hacer ahora que no hay nadie cerca?"
Se entretuvo entre las nubes, miró dentro de los panales, comió hojas y caminó descalzo durante un rato.
Disfrutar, durante un pequeño momento, de la vida real dentro de la vorágine diaria y encontrar reposo en las cosas sencillas pasadas por alto día a día.
El Caminante tomó sus zapatos y prosiguió su camino, con el alma ligera y una sonrisa incipiente en el rostro.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
El caminante decidió dar un paseo.
Salir de noche, cuando el calor no muerde la piel y la gente descansa y se respira un poco de paz dentro de la ciudad.
Pasear, mirar y disfrutar el frescor de una noche brillante.
De pronto vio una bandada de pajaritos, bastante pequeños que volaban de noche. Un grupo de jóvenes, bastante carentes de ingenio, les arrojaban piedras con resorteras de oro. El grupo de pájaros, compacto, intentaba alejarse y subir y subir, pero de pronto una piedra pasó muy cerca de ellos y el pánico logró que se separaran y cada cual intentara volar y protegerse. El temor dio paso a la irracionalidad, y muchos pájaros, presas del sentimiento primordial, dieron vueltas en el aire y comenzaron a bajar, convirtiéndose en presas fáciles para los malnacidos atacantes.
Uno a uno cayeron los pájaros, hasta que no quedaron más que un pequeño grupo de cinco aves, que se alejaron en la altura.
Todo esto presenció el Caminante, y decidió seguir su paseo, con una profunda lástima por aquellos pájaros asesinados por el miedo, que ya no pudieron volar, aún teniendo alas.
Salir de noche, cuando el calor no muerde la piel y la gente descansa y se respira un poco de paz dentro de la ciudad.
Pasear, mirar y disfrutar el frescor de una noche brillante.
De pronto vio una bandada de pajaritos, bastante pequeños que volaban de noche. Un grupo de jóvenes, bastante carentes de ingenio, les arrojaban piedras con resorteras de oro. El grupo de pájaros, compacto, intentaba alejarse y subir y subir, pero de pronto una piedra pasó muy cerca de ellos y el pánico logró que se separaran y cada cual intentara volar y protegerse. El temor dio paso a la irracionalidad, y muchos pájaros, presas del sentimiento primordial, dieron vueltas en el aire y comenzaron a bajar, convirtiéndose en presas fáciles para los malnacidos atacantes.
Uno a uno cayeron los pájaros, hasta que no quedaron más que un pequeño grupo de cinco aves, que se alejaron en la altura.
Todo esto presenció el Caminante, y decidió seguir su paseo, con una profunda lástima por aquellos pájaros asesinados por el miedo, que ya no pudieron volar, aún teniendo alas.
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