El Caminante se detuvo a pensar: "¿Qué puedo hacer ahora que no hay nadie cerca?"
Se entretuvo entre las nubes, miró dentro de los panales, comió hojas y caminó descalzo durante un rato.
Disfrutar, durante un pequeño momento, de la vida real dentro de la vorágine diaria y encontrar reposo en las cosas sencillas pasadas por alto día a día.
El Caminante tomó sus zapatos y prosiguió su camino, con el alma ligera y una sonrisa incipiente en el rostro.
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