El caminante decidió dar un paseo.
Salir de noche, cuando el calor no muerde la piel y la gente descansa y se respira un poco de paz dentro de la ciudad.
Pasear, mirar y disfrutar el frescor de una noche brillante.
De pronto vio una bandada de pajaritos, bastante pequeños que volaban de noche. Un grupo de jóvenes, bastante carentes de ingenio, les arrojaban piedras con resorteras de oro. El grupo de pájaros, compacto, intentaba alejarse y subir y subir, pero de pronto una piedra pasó muy cerca de ellos y el pánico logró que se separaran y cada cual intentara volar y protegerse. El temor dio paso a la irracionalidad, y muchos pájaros, presas del sentimiento primordial, dieron vueltas en el aire y comenzaron a bajar, convirtiéndose en presas fáciles para los malnacidos atacantes.
Uno a uno cayeron los pájaros, hasta que no quedaron más que un pequeño grupo de cinco aves, que se alejaron en la altura.
Todo esto presenció el Caminante, y decidió seguir su paseo, con una profunda lástima por aquellos pájaros asesinados por el miedo, que ya no pudieron volar, aún teniendo alas.
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