martes, 13 de marzo de 2012

- Te... ¿Te puedo decir algo?
-Claro
-No quiero que este cigarro se acabe...-
Humo que escapa por la ventana, luz temblorosa y sonidos de metralletas amenazan la noche- No sé si ... si haremos alguna diferencia estando aquí. Creo que simplemente pasarán sobre nosotros y moriremos... no quiero morir... no quiero que este sea mi último cigarro... me faltan muchas cosas por vi...vivir... No conozco el mar, ¿sabes? Cuando me enlisté, pensé que sería co...como un paseo y que conocería la costa... pero me asignaron acá...-
la casita, frágil y destartalada, se estremece desde los cimientos- A veces... por la noche recordaba a la gente que... que vi alguna vez en la calle... y des...deseaba estar con ellos nuevamente... saber que harían al didía siguiente... ¿Crees que sepan que los estamos defendiendo?
¿Crees que alguna vez escucharán de nosotros?
-No lo sé- respondió taciturno- , pero esta noche, los dos sabremos que fuimos valientes, pase lo que pase después...
Las ventanitas explotaron, las paredes crujieron y cayeron en desorden y el fuego rasgó la noche, mientras la temblorosa luz se disipaba y el sonido metálico y terrorífico de las metralletas zumbaba y convertía la penumbra en baño de sangre.
Mientras tanto, en el suelo, bajo una lluvia de astillas y vidrio molido, un cigarro se apagaba...

jueves, 8 de marzo de 2012

Nos presentamos con las manos vacías, y muchas veces esperamos llenarlas de algo antes de que nos venga a golpear la puerta la pelada que viene a buscarnos. Puede ser que queremos vivir pensando que todo es ilusión, que si cerramos los ojos la vida cambiará en un tris, sin que sea necesario actuar e intentar cambiar la realidad.
Quizás queremos que todo sea fácil, porque siempre es difícil vivir, sentir y amar; porque somos imbéciles y nos sabemos imperfectos y llenos de temor. Temor a la vida, temor a la espera, temor a lo desconocido...
A veces pienso que realmente merecemos lo que nos sucede, que en verdad estamos recogiendo el fruto de nuestros actos... pero después pienso que no, porque hay gente que merece males mayores y no los reciben jamás.
A lo mejor pueden saltar los fanáticos religiosos que lean este blog (cosa que dudo, ni siquiera creo que ya alguien visite este lugar), diciendo que tendrán su merecido en el juicio final, en el purgatorio y esas cosas con que nos asustaron cuando niños para que no nos robáramos las galletas y los pancitos del desayuno. Y yo les digo: ¿Han pensado en que quizás Dios quiere que encontremos justicia aquí en la tierra? A lo mejor ya se aburrió de estar pendiente de lo bueno o malo que hacemos nosotros, simples humanos condenados a abandonar lo que hemos construido y amado, y se fue a tomar una cerveza celestial con sus amigotes. Por lo menos yo lo haría.
Lo que trato de decir es que creo que estamos solos y debemos cuidarnos entre nosotros, como huérfanos que se abrazan para vencer el frío. Si no encuentras consuelo en algo divino o superior, búscalo entre tus hermanos, entre los animales, en la naturaleza, la música o la pintura, cualquier cosa que te sirva para desahogarte y no te dañe.
Aún estamos aquí, amarrados a la tierra.